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¿Por qué hay un límite de distancia entre generación y consumo en una instalación solar fotovoltaica?

¿Por qué hay un límite de distancia entre generación y consumo en una instalación solar fotovoltaica?

Una comunidad de vecinos tiene una instalación solar fotovoltaica en la cubierta del edificio contiguo y, al tramitar el autoconsumo compartido, se encuentra con un problema inesperado: la distancia entre generación y consumo supera el límite permitido. El proyecto, técnicamente viable, queda bloqueado por normativa. Esta situación no es puntual; es una de las dudas más habituales cuando se plantean instalaciones colectivas o a cierta distancia.

¿Qué establece la normativa sobre la distancia en autoconsumo?

En España, el autoconsumo eléctrico está regulado principalmente por el Real Decreto 244/2019 y sus posteriores actualizaciones. Durante años, el límite de distancia entre el punto de generación (placas) y el de consumo estaba fijado en 500 metros.

Sin embargo, este criterio se ha ido flexibilizando. Según cambios recientes recogidos en el sector, se ha ampliado progresivamente hasta alcanzar distancias de varios kilómetros en determinados casos, con el objetivo de facilitar el autoconsumo colectivo y el desarrollo de comunidades energéticas.

Lo importante aquí es entender que no se trata solo de una distancia física. La normativa también exige que:

  • Generación y consumo estén conectados a la misma red de baja tensión o centro de transformación.
  • Exista una referencia catastral común o acuerdos específicos en autoconsumo colectivo.
  • Se cumplan condiciones técnicas de la red de distribución.

Es decir, el límite de distancia en una instalación solar fotovoltaica no es arbitrario. Está ligado a cómo funciona el sistema eléctrico.

La razón técnica: Las pérdidas y la eficiencia de la red

El primer motivo, y el más puramente físico, tiene que ver con cómo viaja la electricidad. Cuando la energía sale de tu instalación solar fotovoltaica y viaja por los cables de la red de distribución para llegar a otro punto de consumo, se producen pérdidas. Los cables ofrecen resistencia al paso de la corriente, y esa resistencia se traduce en energía que se disipa en forma de calor (el llamado efecto Joule). Cuanta más distancia tiene que recorrer la electricidad, mayor es la pérdida.

En la práctica, si permitiéramos que la energía de una planta solar viajara decenas de kilómetros por la red de baja o media tensión para llegar a un consumidor, una parte significativa de esa energía "verde" se perdería por el camino. Esto haría que el sistema fuera menos eficiente globalmente.

La red de distribución no está diseñada para ser una autopista libre de peaje para la energía a larga distancia en estos niveles de tensión. El límite de distancia busca garantizar que la energía se consuma lo más cerca posible de donde se genera, maximizando la eficiencia de cada kilvatio-hora producido por tus paneles. Lo que realmente importa aquí es evitar un uso ineficiente de la infraestructura que ya existe.

La razón económica y legal: Quién paga la red

El segundo motivo es de índole económica y regulatoria, y es quizás el más complejo de entender pero el más determinante para el legislador. La red eléctrica española no es gratis; su mantenimiento, operación y desarrollo se financian a través de los peajes y cargos que todos pagamos en nuestra factura de la luz.

Cuando haces un autoconsumo individual en tu propio tejado, apenas usas la red de distribución. Pero cuando haces un autoconsumo colectivo o "a través de red" (usando los cables de la compañía para llevar la energía de un punto A a un punto B), estás utilizando esa infraestructura pública.

Si permitiéramos distancias ilimitadas sin que esos consumidores pagaran los peajes correspondientes por el uso de la red a larga distancia, estaríamos creando un desequilibrio. Esos usuarios se estarían ahorrando costes que tendrían que ser asumidos por el resto de los consumidores que no tienen acceso al autoconsumo.

Por eso, la ley establece una frontera. Dentro de un radio cercano, se considera que el uso de la red es mínimo y se incentiva el modelo con compensación simplificada de excedentes, donde no pagas peajes por esa energía compartida.

La situación en 2026: El cambio histórico a los 5 kilómetros

Aquí es donde entra la actualización más relevante y que cambia las reglas del juego. Recientemente, y como recoge la fuente de referencia Energías Renovables, el Gobierno ha dado un paso de gigante al ampliar este límite de distancia hasta los 5.000 metros (5 km) para instalaciones de autoconsumo colectivo a través de la red de distribución.

Esta ampliación a 5 km no es para todos los casos, sino que se aplica específicamente a aquella instalación solar fotovoltaica que se encuentre ubicada en cubiertas, suelos industriales y estructuras artificiales (como marquesinas de aparcamiento). Para instalaciones en suelo no urbanizable, el límite se mantiene en los 2 km anteriores.

Este cambio es fundamental y responde a una demanda histórica del sector para facilitar las Comunidades Energéticas Locales y el autoconsumo en zonas urbanas densas o polígonos industriales extensos.

Gracias a esta nueva normativa, ahora es viable económicamente que una gran planta fotovoltaica en el tejado de una empresa logística en la periferia comparta energía con docenas de comercios y viviendas del centro urbano que estén dentro de ese radio de 5 km. Lo que se consigue es que muchas más personas puedan beneficiarse de una única instalación solar fotovoltaica eficiente, maximizando el ahorro colectivo sin comprometer la sostenibilidad económica del sistema eléctrico general.

 

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